jueves, 28 de enero de 2010

Cita en el cementerio .


Llueve copiosamente todas las losas están empapadas
cómo vestidas de tul transparente para póstumo homenaje.
El chapoteo de la lluvia chocando con los fríos mármoles
llena todo el lugar de una mortecina melodía.
Es noche sin luna, sin estrellas, sin nada vivo.


Cruces y ángeles vigilantes parecen soportar el agua
con estoico silencio sin nada que decir a nadie.
El aire parece más húmedo que de costumbre
las gotas crean un tétrico eco dentro de las criptas
eco que nadie escucha porque nadie está vivo
en este silencioso lugar, menos unos ojos vigilantes.



Un graznido suena en la más negra oscuridad
una sombra negra vuela sobre lapidas cómo
buscando su sitio en medio de la lluvia.
Pasos pesados se escuchan cerca de la puerta
un chirrido frio cómo el hielo y de pesado hierro
recorre todos los recovecos de las sepulturas.


Pasos pesados se mueven entre las losas.
Con fantasmagórico respeto sin rozar con
su negra capa tumba ni lapida ninguna.
Parece conocer el camino que sus pasos
van siguiendo, con ritual tradición.



Un maullido rompe el silencio y detiene
al visitante que observa el gato negro.
De rodillas empieza a rezar con respeto
y con verdadera admiración hacia el fallecido.
Aparecen tres rosas rojas cómo la sangre
tres gotas hechas de rubí en flor.
Una botella de coñac medio llena está
esperando ser usada, por quien se la gano.



El gato vigila sin pestañear al misterioso P`oes toaster
la oscuridad se lo traga sin ninguna contemplación.
Tres rosas y una botella de coñac bajo la lluvia
empapándose de capricho, impulso y pasión.



Azalais – copyright ©

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